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Río
de Janeiro
El
nombre de Río de Janeiro tiene su origen en la llegada
de los portugueses, el 1 de enero (1 de janeiro en portugués)
de 1502, a cuya cabeza se encontraba Américo Vespucio.
El descubridor pensó estar adentrándose en un río,
cuando en realidad, se trataba de una bahía de 245 Km_,
la bahía de Guanabara. De esta confusión y del mes
de su descubrimiento proviene su nombre. Hoy en día, en
esta ciudad viven más de siete millones de personas, cariocas,
como son llamados sus habitantes. Son expertos en disfrutar de
la vida: playas, samba, cerveza, futebol y el aguardiente local,
la cachaça. Río está dividida en una zona
norte y una zona sur por la Sierra de Carioca. La vista desde
el Corcovado, el pico donde está la estatua del Cristo
Redentor, presenta una de las mejores vistas de la ciudad. El
famoso Pão de Açucar ofrece a su vez vistas espléndidas.
Dos teleféricos suben hasta 1.300 m sobre Río y
la Bahía de Guanabara y, desde lo alto, parece la ciudad
más bonita del mundo.
La playa es un ritual y un modo de vida
para los cariocas, no pasa un día sin que un habitante
de Río se acerque a la playa a tomar el sol, jugar al fútbol
o al voley playa. Copacabana es, quizás, la playa más
famosa del mundo y tiene en torno a 4,5 km de longitud; Ipanema,
la playa más rica y chic de Río donde nacen o mueren
las modas brasileñas. Además de estas dos, existen
otras playas dentro de la ciudad y en torno a ella: Pepino, Praia
Barra da Tijuca, Flamengo y Aproador. Lo más conocido de
Río de Janeiro es su Carnaval y es cierto que es un espectáculo
fantástico aunque, de algún modo, puede ser el peor
momento para visitar Río, ya que todo sube su precio: los
taxis, el hospedaje, las comidas, etc. Además, el Carnaval
se celebra en todo Brasil con la misma intensidad, así
que puede ser un buen momento para adentrarse en otras zonas de
este país.

Las
cataratas del Iguazú
Las
cataratas del Iguazú se forman en la confluencia del río
Iguazú con el Paraná, justo en la frontera de tres
países: Brasil, Argentina y Paraguay. El río Iguazú,
antes de unirse al Paraná, se ensancha de manera considerable
para precipitarse desde una altura de casi 80 m, formando así
la cascada central de las 275 que se forman en 3 km de ancho.
Cualquier momento es bueno para visitarlas,
aunque en la época de lluvias (de abril a julio) el volumen
de agua aumenta, el cielo casi siempre está nublado y hace
fresco. Al final de la estación seca, más o menos
en marzo, aunque el río pierde un tercio de su caudal,
el cielo es de un color azul intenso y en las cascadas se forman
bellísimos arco iris. Desde el lado brasileño, se
aprecia una vista general de las cataratas cuyo punto culminante
es la estruendosa Garganta del Diablo, por donde transcurre el
límite entre Argentina y Brasil.
Desde el Hotel Das Cataratas, un edificio
tipo hacienda, comienza un sendero que corre ceñido a un
acantilado cerca del borde de las cataratas a lo largo de 1,5
km. Al final del sendero, donde el río es más ancho,
comienza una pasarela que conduce hacia las cataratas mismas.
Como es inevitable mojarse un poco, es recomendable ir provistos
de un buen chubasquero y protección para la cámara
de fotos o vídeo. Desde aquí se puede volver hacia
atrás por el sendero o tomar el ascensor que lleva a la
cima del acantilado. Les sugerimos pasar al lado argentino y realizar
un pequeño circuito para admirar el paisaje y sus pequeñas
cascadas, como el salto Bossetti, famoso porque su fotografía
ilustraba el anuncio publicitario de la película La Misión.
Además
de Río de Janeiro y las cataratas del Iguazú, existen
otros destinos menos turísticos, pero no por ello menos
espectaculares. Destaca Salvador de Bahía, que fue la segunda
ciudad del Imperio Portugués durante más de tres
siglos, por lo que sus calles están jalonadas de palacios,
iglesias y otros edificios coloniales. São Paulo, la ciudad
más grande de Brasil, cuyas modernas edificaciones podrían
competir con cualquier ciudad norteamericana o europea. Petrópolis,
la ciudad que mandó construir Pedro II y en cuya catedral
está enterrado. Brasilia, una ciudad surgida de la nada
en los años 50 y cuyo diseño urbanístico
marcó una pauta en la Historia de las Artes. Y, por último,
dos zonas naturales: la Amazonia, la mayor extensión de
selva tropical y la última reserva de oxígeno de
la tierra, y el Pantanal, la región que linda con Bolivia
y que durante una época del año se inunda, atrayendo
a pescadores de todo Brasil por la abundancia de peces. En definitiva,
existen mil y una razones para visitar Brasil, aunque la más
importante es la hospitalidad de sus gentes y de su entorno.
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