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Actualmente,
el cambio a la pintura al agua supone sólo la sustitución
del color bicapa al disolvente por el de base acuosa. No obstante,
los fabricantes están desarrollando productos hidrosolubles
en otros campos como los aparejos, las imprimaciones o los barnices,
que en un futuro próximo se utilizarán en los procesos
de reparación.
Los procesos de pintado con pintura al agua no conllevan modificaciones
significativas, ya que los fabricantes buscan similitud con los
de las pinturas al disolvente. La aplicación de esta pintura
al agua sí requiere ciertas transformaciones en cuanto
a equipos, productos e instalaciones y, en definitiva, a la infraestructura
necesaria.
Equipos,
productos e instalaciones
La
primera diferencia está en la utilización del agua
en lugar del disolvente. La mayoría de las marcas recomiendan
sus propios diluyentes de agua desionizada o desmineralizada.
Partiendo de las operaciones básicas
de preparación, puede comprobarse que el cambio al agua
no precisa de grandes renovaciones. Así, para el lijado,
son aptas las mismas máquinas y los mismos discos. En el
caso de la limpieza y desengrasado, sí son necesarios nuevos
productos compatibles con las pinturas al agua. A la hora de enmascarar,
es necesario verificar que el papel, la cinta y demás útiles
sean resistentes al agua, aunque la mayoría de los productos
ya son adecuados para los dos tipos de pinturas, al agua y al
disolvente.
En los equipos aerográficos tampoco
hay que realizar inversiones, ya que las pistolas aerográficas
convencionales pueden aplicar perfectamente pintura con base al
agua. Sin embargo, se aconseja disponer de pistolas de última
generación, fabricadas en acero inoxidable, aptas tanto
para la pintura al disolvente como al agua. Es recomendable que
sean de alto coeficiente de transferencia (HVLP, HIGH TEC, GEO,
etc.) para conseguir un rendimiento y una calidad de acabado superiores.
La primera de las modificaciones sustanciales
que hay que acometer se produce en lo referente a la limpieza
de los equipos de pintado. Es necesaria una máquina lavadora
adicional para la pintura al agua, que precisa soluciones o limpiadores
acuosos, así como, si se desea, coaguladores o separadores
para el tratamiento de los residuos.
En el secado, las cabinas no suponen
ningún problema, pues actualmente todas están preparadas
para soportar el agua liberada al aplicar pinturas hidrosolubles,
sin que surjan problemas de corrosión en la cabina ni en
los sistemas de ventilación.
Respecto a los equipos infrarrojos,
todos son aptos para secar la pintura al agua y al disolvente.
Únicamente, con el fin de conseguir una reducción
en los tiempos de evaporación o secado, que pueden ser
superiores a los de las pinturas al disolvente, se puede utilizar
sistemas de secado combinado (aireación más infrarrojos),
o equipos de ventilación, bien fijos o manuales. Todos
ellos acortan los tiempos de secado entre manos y durante el secado
de la pintura al agua.
En cuanto a las instalaciones, las zonas
de preparación, la de mezclas o la de limpieza de equipos
no han de reformarse, pero existe un requerimiento para la máquina
de mezclas, que debe ubicarse en un lugar fresco y ventilado,
con una temperatura comprendida entre 5 y 45º C. Algunos
fabricantes de pintura incorporan sistemas de calefacción
que mantienen los productos a una temperatura constante, en torno
a los 20ºC. De no ser así, la pintura podría
sufrir alteraciones en su composición que afectarían
a su calidad y acelerarían la caducidad del producto.

Plan
de formación
Para alcanzar el máximo
rendimiento de la pintura con base al agua es tan importante seguir
todas las recomendaciones descritas hasta aquí como diseñar
un plan de formación para los operarios del taller. Esto
permitirá que los cambios en la aplicación, en los
procesos y en el uso de los nuevos equipos se produzcan de una
manera más rápida y con menos deficiencias en los
trabajos que se realicen durante la transición.
El plan de formación ha de confeccionarse en común
entre el fabricante de la pintura y la dirección del taller,
y debería contemplar, entre otros, los siguientes aspectos:
Descripción
de las características del nuevo sistema: colorimetría,
procesos de pintado, condiciones de aplicación, etc.
Previsión
de los inconvenientes que vayan a surgir: principales diferencias
con la pintura al disolvente, productos incompatibles, etc.
Documentación
técnica y hojas de seguridad de los productos al agua.
Duración
de la formación, tanto en su parte teórica como
práctica.
Duración
del período de transición, con previsión
de las necesidades de pintura al agua y pintura al disolvente.
Además, el plan de formación
debería tener un seguimiento y asistencia técnica
continuada por parte del fabricante.

Medidas
de seguridad e higiene
La
utilización de las pinturas de base acuosa no debe suponer
una reducción de las medidas de seguridad e higiene en
el taller. Aunque una de las razones de la sustitución
de las pinturas al disolvente por las pinturas al agua es la eliminación
o reducción de atmósferas nocivas para los operarios,
es necesario seguir utilizando guantes, monos de trabajo, mascarillas
de vapores y gafas, pues la pintura al agua no implica la desaparición
de los disolventes, sino sólo una reducción de sus
concentraciones. Así mismo, habrán de conservarse
todas las medidas preventivas de las instalaciones: mantenimiento
de filtros, sistemas de aspiración adecuados, ambientes
limpios de trabajo y, como nueva tarea, la gestión y el
tratamiento específico de los residuos, separados del resto
de las pinturas al disolvente.
Con las pautas que se han ido describiendo, es factible conseguir
la adaptación de las instalaciones y de los procesos de
pintado a las nuevas pinturas al agua.
Así, junto al cumplimiento de la venidera legislación,
certificando que el trabajo se realiza en unas condiciones menos
agresivas, queda garantizada la buena calidad de los acabados
sin menoscabo del alto rendimiento del taller.
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