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"No hay viento favorable para el que
no sabe dónde va" Status y rol: dos caras de una misma moneda Nuestro modo de ser miembros de la sociedad consiste en ocupar un lugar en el entramado de posiciones. A cada una de estas posiciones, caracterizadas por una idiosincrasia deducible e identificadas por todos, se la denomina status; entendiéndolo como el puesto que cada persona ocupa en la estructura social o empresarial.A cada status le corresponde un repertorio de pautas y normas de comportamiento que indican a la persona que lo ocupa cómo debe actuar en cada situación y lo que los demás pueden razonablemente esperar que haga, en virtud del lugar que ocupa. Por otra parte, se reconoce como papel o rol al conjunto de todas estas pautas de comportamiento asociados a cada status. El status se ocupa, los roles se desempeñan. La importancia de los papeles sociales radica, no sólo en el grado en que regulan la conducta, sino también en el hecho de que permiten a unos predecir los actos de los otros y determinar, por tanto, sus propios actos de acuerdo con aquellos. Es así como se establecen las relaciones laborales y sociales, actuando en consonancia con lo que se espera de un determinado rol. El engranaje de los diferentes status y los roles que les son supuestos conforma la actuación del grupo social o empresarial. Por ello, para su correcto funcionamiento, se exige como condición necesaria y no suficiente que la institución defina cuidadosamente un conjunto coherente y complementario de status que sean asumidos por todos. En este sentido, la determinación de cuáles son éstos y qué tipo de roles se les asocian dependen, en buena parte, de la cultura social o empresarial. Exige que los individuos desempeñen los roles que se les supone, según el status que ocupan en la institución. Nada desorienta más al resto -subordinados, superiores, clientes y proveedores- que alguien no desempeñe coherentemente el rol que le toca cumplir en función del status que ocupa. Luis Fernández Fadrique |
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