|
París
París
es, sin duda, la ciudad más elegante de Europa, profundamente
tradicional y, a la vez, moderna. Barrios antiguos cargados de
historia, como Montmartre, contrastan con La Défense, con
sus líneas geométricas y frías. El mito de
París se fraguó hace mucho tiempo. El pueblo y los
acontecimientos históricos (el Rey Sol, la Revolución,
la Comuna, la Resistencia, mayo del '68) han imprimido a esta
ciudad un carácter casi legendario. Pero, ¿quién
no pensaría que vive en el centro del mundo si éste
tiene el aspecto de París?
Entre todas las maravillas parisinas destaca el Museo del Louvre,
antigua fortaleza, construida en torno a 1200 y reconstruida a
mediados del siglo XVI, para ser utilizada como palacio real.
A partir 1793, tras la Revolución, comenzó a ser
disfrutado como museo público. Sus salas están repletas
de maravillas del arte: desde la Venus de Milo o la Victoria de
Samotracia, hasta la Gioconda de Leonardo Da Vinci. Otros museos
de interés son el D'Orsay, Rodin o Picasso y el Centro
Pompidou.
Notre Dame es uno de los cúlmenes del gótico francés.
Su interior, iluminado por la luz procedente del enorme rosetón
de la fachada, descubre una completa lección de Historia
Sagrada en sus esculturas. Uno de los prodigios de este templo
son sus gárgolas, esas figuras inquietantes esculpidas
en los aleros y arbotantes, que tanto han despertado la imaginación
de los artistas.
Para disfrutar de la ciudad lo mejor es pasear trazando una línea
que coincida con la avenida de los campos Elíseos, desde
el Arco de Triunfo hasta el Museo del Louvre, después cruzar
el Sena pasando por la Ille de la Cité y ya, en la margen
izquierda, la rive gauche, centro de bohemios, intelectuales y
disidentes, perderse por el Barrio Latino, por Montparnasse o
por St-Germain. Y, por último, saliendo de esta ruta, no
podemos olvidarnos de Montmartre y su basílica del Sagrado
Corazón.
París es sinónimo de romanticismo desde tiempos
inmemoriales. La visión de un paseo a orillas del Sena
junto a la persona amada, a la luz tenue de las farolas o del
cálido sol de primavera, es su imagen más manida.

Versalles
A
las afueras de París, se encuentra el más famoso
château de Francia, el Palacio de Versalles. Construido
por Luis XIV, a mediados del siglo XVII, se convirtió en
la Corte de los reyes franceses. Para demostrar su grandeza y
poder, el palacio tiene unas dimensiones excepcionales y su decoración
es de una riqueza extrema. La Galería de los Espejos, obra
maestra de este palacio, mide 73 m de largo, 10,50 m de ancho
y 12,30 m de alto. Está completada al norte por el Salón
de la Guerra y al sur, por el Salón de la Paz. Después
de la firma de la Paz de Nimega, que marcaba el apogeo del reinado
de Luis XIV, el rey encargó representar las buenas acciones
de su gobierno en la bóveda de esta galería, en
la que el soberano está caracterizado como un emperador
romano, gran administrador del reino y vencedor de las potencias
extranjeras. La Galería de los Espejos, centro neurálgico
del reino durante el Antiguo Régimen, siguió ocupando,
incluso después de la Revolución Francesa, un puesto
relevante dentro de la Historia. Así, en 1919, al final
de la Primera Guerra Mundial, sirvió de decorado para la
firma con Alemania del Tratado de Versalles.
Dentro del gran complejo de Versalles, destacan sus jardines,
por su extensión, de más de 6 km2 , y por las bellas
fuentes y estatuas que lo jalonan, la ópera y el Grand
y Petit Trianon.

El
Valle del Loira
Desde
el siglo XV hasta el XVIII, el valle del Loira fue el sitio preferido
de la nobleza para instalar sus castillos. Primero se levantaron
construcciones defensivas, para transformarse posteriormente en
palacios con una mayor atención a las comodidades, y bajaron
de las colinas para acercarse a la ribera del río, formando
un conjunto perfecto con su entorno. De entre estos castillos,
destacan el de Chambord, mandado construir por Francisco I, y
el castillo de Chenonceaux, cuya construcción, comenzada
en la década de 1520, estuvo siempre relacionada con mujeres.
Catalina de Briconnet, Diana de Poitiers (amante de Enrique II),
Catalina de Médicis (mujer de Enrique II) y su nuera Luisa
de Lorena. Un siglo más tarde, volvió a infundir
vida en él Mme. Dupin, invitando a personajes como Voltaire,
Montesquieu y Rousseau.
En esta región de castillos también destacan varias
ciudades con una extensa historia tras de ellas: Tours, con sus
magníficos museos; Chinon, donde siempre ha existido alguna
fortaleza desde la Edad de Piedra y Orleans, cuna de Juana de
Arco.
Para disfrutar del valle del Loira en toda su plenitud, la mejor
opción es apartarse de las rutas prefijadas y recorrer
a nuestro ritmo, parándonos en aquellos parajes más
bellos, toda esta región cargada de historia, belleza y
buenos vinos.
¡La France! Donde los españoles viajaban hace décadas
a ver las películas y comprar los libros que la censura
les negaba, a donde miramos como sede de la alta costura o la
nouvelle cousine.
Pero, pasa como con todo, hay que ir y descubrir personalmente
la razón por la que Francia sigue atrayendo tanto y tan
intensamente.

|
|
Datos prácticos
Idioma: Francés.
Clima:
Predominantemente continental, inviernos fríos y veranos
cálidos.
Moneda:
Franco francés
Documentación:
Ciudadanos de la U.E. únicamente el D.N.I. o pasaporte
en regla.
Compras:
Artículos de lujo (perfumes, joyas, alta costura, accesorios),
antigüedades, libros, vinos, patés y quesos.
Gastronomía:
La cocina francesa ocupa el primer puesto de la cocina mundial.
La diversidad geográfica de Francia permite una extraordinaria
variedad de productos y platos: mariscos, pescados, carnes rojas,
verduras y los famosos quesos y patés. Así, cada
región mantiene su forma tradicional de cocinar: mouclade,
sopa de mejillones con azafrán, de la Costa Atlántica;
canard perigourdin, pato con ciruelas, de Dordoña; cargolade,
caracoles y salchichas a la plancha, del Languedoc o potée
auvergnate, estofado de repollo, cerdo y judías típico
de Auvernia.
|