Cuaderno de viajes


Santiago de Compostela, meta de mil caminos



Cuenta la tradición que en la céltica Galicia, a la que los romanos llamaron Finis Terrae, por ser el extremo más occidental del mundo hasta entonces conocido, estuvo predicando el Apóstol Santiago. Después de realizar su misión, volvió a Jerusalén, en el año 44, donde fue torturado y decapitado por Herodes Agripa, quien prohibió que fuese enterrado. Sin embargo, sus discípulos, en secreto y durante la noche, trasladaron su cuerpo hasta la orilla del mar, donde encontraron una barca sin tripulación, preparada para navegar. Depositaron en un sepulcro el cuerpo del apóstol y llegaron, milagrosamente, a las costas gallegas; remontando el río Ulla, hasta el puerto romano de Iria Flavia.
Tras persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, se olvidó su existencia, hasta que, en el año 813, el eremita Pelagio observó resplandores y cánticos en el lugar. A raíz de ese suceso, se volvió a venerar el lugar que sería llamado
Campus Stellae, Campo de la Estrella, de donde deriva el nombre de Compostela, convirtiéndose en uno de los centros de peregrinaje más importantes del mundo cristiano, tras Jerusalén y Roma.

 

Por Mª Ángeles Moreno Pedraz
Fotografías: Incolsa, Turismo de Santiago de Compostela

La Catedral

Si la Catedral de Santiago es el auténtico centro de la ciudad, espiritualmente, el corazón de la Catedral es el Sepulcro del Apóstol Santiago, situado en la cripta bajo el Altar Mayor. En la parte superior, un pasillo atraviesa transversalmente la girola, permitiendo abrazar la estatua del Santo Apóstol.
La fachada del Obradoiro preside y domina la plaza a la que da su mismo nombre, el del lugar donde los artesanos de la piedra trabajaron en su construcción. Realizada entre 1738 y 1750, es la máxima expresión del barroco en España. Dos torres, inicialmente románicas, reafirman su verticalidad y su carácter de inmenso retablo. A excepción de los Años Jubilares (en los que el 25 de julio es domingo), en que el acceso principal se realiza por la Puerta Santa,Pórtico de la Gloria el Obradoiro es la entrada más característica de la Catedral. Penetrando en el interior, el viajero queda sorprendido ante la más valiosa creación del románico, el Pórtico de la Gloria, realizado por el Maestro Mateo en 1188. El ritual del peregrino obliga, primero, a posar la mano en el parteluz, sobre la misma huella que millones de manos han labrado en la piedra y , después, a dar tres croques o golpes en la frente en la figura del Maestro Mateo, o Santo dos Croques, situada al otro lado del parteluz. El interior de la Catedral se ha mantenido prácticamente intacto, con su distribución románica de planta de cruz latina con tres naves y la girola con un rosario de capillas, románicas, barrocas y neoclásicas. En la Biblioteca se guarda el Botafumeiro, el mayor incensario del mundo, que, en las grandes solemnidades litúrgicas, ahuma el recinto catedralicio en un increible vuelo dirigido por los expertos tiraboleiros.

Callejeando

Partiendo de la Catedral, por la Puerta del Obradoiro, nos encontramos en la Plaza del mismo nombre, cuyo lateral norte lo ocupa el Hostal de los Reyes Católicos. Fundado como hospital real y hospedería de peregrinos en el siglo XVI por los Reyes Católicos, hoy es Parador de Turismo y uno de los hoteles más lujosos de Galicia.
Ante las grandes dimensiones del resto de los edificios del Obradoiro, resalta el humilde porte y el singular encanto del Colegio de San Jerónimo, que alberga el Rectorado de la Universidad. Cierra la Plaza el Palacio de Gelmírez, construido entre los siglos XII y XIII y considerado como la obra más notable del románico civil en España.
Los gremios medievales de plateros dieron nombre a la Plaza de las Platerías y a la fachada sur de la Catedral, que exhibe la única puerta románica que se conserva. Todavía hoy numerosos establecimientos de joyería animan la plaza. La Torre del Reloj o Berenguela levanta sus más de 70 metros de altura y, en lo alto, cobija la linterna que guiaba a los peregrinos, que ahora se enciende en Años Jubilares y ocasiones señaladas.
Si seguimos nuestro camino, nos encontramos con la impresionante desnudez de la Plaza de la Quintana. Dividida en dos planos, la parte de abajo se conoce como la Quintana de Muertos y la de arriba como Quintana de Vivos. En ella se sitúa el Pórtico real, lugar de salida de las procesiones litúrgicas, y la célebre Puerta Santa, abierta únicamente los años de jubileo.
Cerrando esta vuelta a los alrededores de la Catedral, nos encontramos, en la Plaza de la Azabachería, con el Monasterio de San Martín Pinario.
Saliendo de la zona catedralicia, podemos caminar por la Rúa del Villar, calle cubierta de soportales con bellísimos palacios como la Casa del Deán, el Palacio de Monroy o el de los Marqueses de Bendana. Pasando a la Rúa Nueva, no tan nueva porque se llama así desde el siglo XII, veremos la Iglesia de Santa María Salomé, el Palacio de Ramirans, el de los Condes de Gimonde y la Casa de las Pomas, con sus pilastras de adornos frutales.
El contrapunto son la Rúa de la Reina y la Rúa del Franco, que, junto a la de Villar y hasta la Puerta Faxeiras, concentran el mayor número de bares, locales, restaurantes y alojamientos de la ciudad.

Este lugar sagrado atrae cada año a masas ingentes de personas que buscan en el Camino, y en alcanzar la meta de Santiago, su propia identidad, la respuesta a preguntas de fe o sumergirse en un reguero constante de gentes de todas las nacionalidades, buscando siempre el propio sentido de la existencia.

Datos prácticos

Cómo llegar: Desde Madrid, por la A-VI, a 598 km; desde A Coruña, por la A-9, a 62 km; desde Vigo, por la A-9, a 93 km, y, por vía aérea, al aeropuerto de Labacolla, desde las principales ciudades de España.
Compras: Plata, azabache, recuerdos turísticos del Apóstol, repostería, vinos y quesos.
Gastronomía: Toda la comida gallega, con sus pescados y mariscos frescos, pero, en especial, las típicas vieiras, el pulpo a la gallega, el lacón con grelos, los pimientos de Padrón, los quesos de tetilla, San Simón, de Arzúa, de Monforte y muchos más, los vinos gallegos: Ribeiro, Valdeorras, Rosales, Albariño, etc. y la típica tarta de Santiago.