No
es difícil recorrer Lisboa, incluso a pie y a pesar de
las cuestas, ya que se conservan los románticos y eficaces
funiculares y tranvías decimonónicos, que nos
llevan sin esfuerzo hasta lo más alto de la ciudad. El
elevador de Santa Justa evita, en menos de un minuto,
una larga serie de escaleras para llegar al Barrio Alto y los
tranvías, de interior de madera, serpentean por las enmarañadas
calles de esta ciudad.
Sus barrios más significativos están próximos
entre sí: la Baixa, plana y cuadriculada aparece
enmarcada por dos barrios que se encaraman sobre las colinas:
al este, a los pies del Castelo de San Jorge, Alfama;
al oeste, el Chiado y el Barrio Alto.
Además de estos tres barrios, debemos recorrer el río,
origen y razón de ser de la ciudad. Allí conoceremos
el punto de partida de los grandes navegantes de la época
de los Descubrimientos, Belém, rodeado de los
principales monumentos de la ciudad.
Alfama
La palabra alfama procede del árabe
(alhama significa "fuentes termales, termas")
y nos remonta a los siglos en que Lisboa, al igual que el resto
de la Península Ibérica, fue musulmana. Este barrio
es el núcleo inicial de la ciudad, el más antiguo.
Aquí se levanta el Castelo de San Jorge, en una
situación estratégica ya que desde él se
domina la desembocadura del Tajo y es casi inexpugnable. Tras
el terremoto de 1755 se hundió gran parte de este barrio
y hubo que esperar dos siglos para que se realizase su restauración.
Actualmente, se puede disfrutar del castelejo
interior, del anillo amurallado con sus diez torres y del gran
parque popular del que disfrutan los lisboetas.
Además
del castillo, por la calles estrechas y callejones de típico
sabor musulmán y judío, se llega a la catedral de
Lisboa, la Sé, construcción fortificada
del siglo XII, levantada sobre la mezquita cuando la ciudad fue
reconquistada por los cristianos.

La
Baixa
La
Baixa o Ciudad Baja es el corazón de la ciudad, física
y comercialmente. Ocupa la parte más baja de Lisboa, abierta
al Tajo y custodiada por dos colinas: la de Alfama y la que ocupa
el Barrio Alto.
La Baixa que conocemos hoy poco
tiene que ver con aquella capital de un gran imperio que fue Lisboa
hasta el siglo XVIII. Lo que podemos contemplar en nuestros días
se debe exclusivamente a la decisión del marqués
de Pombal de poner en práctica las ideas ilustradas sobre
urbanismo, reconstruyendo la zona con un trazado perfectamente
geométrico.
El barrio se extiende entre dos
de las plazas más importantes de Lisboa: la del Rossio
y la del Comercio. El Rossio de Valverde, nombre popular de la
Praça de Dom Pedro IV, ha sido siempre una plaza llena
de vida, testigo de corridas de toros, festejos públicos,
desfiles e, incluso, autos de fe en los tiempos de la Inquisición.
En la actualidad, está rodeada de cafés, joyerías,
tiendas de recuerdos, comercios y pastelerías clásicas.
En el lugar que ocupa la
plaza del Comercio estuvo, durante más de 400 años,
el palacio real, ya que el rey Manuel I, en 1511, decidió
trasladar su residencia desde el Castelo de San Jorge. Como tantos
otros edificios, fue destruido por el terremoto de 1755. Uno de
los lados de esta plaza se abre al Tajo, al que se desciende por
una escalinata de mármol.

El
Chiado
Este barrio debe su nombre al poeta renacentista
Antonio Ribeiro, apodado "O Chiado" ("el chillón").
Se trataba de un franciscano de Évora que, después
de haber colgado los hábitos, llegó a la capital
y se hizo popular como poeta, actor y ventrílocuo.
El Chiado fue, en otros tiempos, el punto de
encuentro de escritores e intelectuales y actualmente sigue conservando
el encanto de antaño. Generaciones enteras frecuentaron
el café-restaurante Tavares
y, más tarde, el café A
Brasileira, que ha conservado, hasta nuestros días,
esa tradición. Fernando Pessoa, cliente asiduo, se sienta
en figura de bronce en la terraza del café y, de vez en
cuando, intercambia alguna observación con el polifacético
y poeta improvisador Antonio Ribeiro, cuyo monumento se encuentra
justo enfrente.
Belém
Mientras
el terremoto destruía todos los edificios de la época
de los descubrimientos, la pequeña localidad de Belém
sobrevivía a la catástrofe casi sin sufrir daños.
De aquí partían los barcos de los descubrimientos
y dos edificios representan esta gran aventura: la Torre de
Belém y el Monasterio de los Jerónimos.
La torre fue planificada en 1495 sobre una isla en el Tajo, pero
el progresivo enarenamiento del río ha hecho que, en la
actualidad, esté en la orilla. Su misión era marcar
el camino a los barcos que zarpaban y asumir la defensa de la
entrada por el Tajo. Su extraordinaria decoración, característica
principal del llamado estilo Manuelino, se inspira en motivos
marineros como la soga que rodea toda la construcción,
así como las formas orientales de los tejados de los torreones
y las pirámides que coronan sus almenas.
El Monasterio de los Jerónimos, construido
como conmemoración del descubrimiento de la India, mantiene
también el estilo Manuelino, con ornamentos exóticos,
orientales y relacionados con la navegación. Figuras importantes
de la historia nacional portuguesa están enterradas bajo
su coro: Vasco da Gama, Camões o Fernando Pessoa.
Completa el conjunto el Monumento de los Descubrimientos,
terminado en 1962, y desde donde se pueden contemplar la torre
y el monasterio, así como el mapa del mundo en mármol,
que señala las antiguas colonias portuguesas.
Lisboa
al atardecer, a orillas del Tajo, su color, sus cafés y
terrazas, el ir y venir de sus gentes y su carácter abierto
y cosmopolita, embruja. La sencillez y, al mismo tiempo, ese romántico
y decadente encanto hacen de ella una de las capitales europeas
con más carácter y atractivo.
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Datos prácticos
Idioma:
Portugués.
Clima:
Atlántico, con inviernos y veranos templados por la influencia
del océano.
Moneda:
Euro.
Documentación:
Ciudadanos de la U.E., únicamente el D.N.I. o pasaporte
en regla.
Compras:
La típica filigrana portuguesa en plata y oro, azulejos,
cerámica, los dulces y bacalao seco y vinos del país
(vinos verdes, rosados, oportos y madeiras).
Gastronomía:
El rey de la gastronomía portuguesa es el bacalhau,
del que dicen que hay más de 265 formas de cocinarlo y,
entre ellas, la más famosa, el Bacalhau a brás.
Entre los pescados, también son muy populares las sardinas
y el pez espada. De las carnes, las de cerdo, cabrito, cordero,
buey, ternera y pollo. Tan importante como la comida es el postre,
especialidad de los portugueses: arroz dulce, tocinillos de cielo,
flanes o pasteles rellenos de crema.
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