Cuaderno de viajes


Lisboa, a ritmo de fado



Aupada sobre el río Tajo, espectadora tranquila de la unión del río con el océano Atlántico, aparece a ratos cubierta de niebla y a ratos inundada de un sol limpio y luminoso, reflejo del inmenso océano. Esta condición hace de Lisboa y, por extensión, de los portugueses, un pueblo marinero, con la inquietud de cruzar esa masa extensa de agua que se abre ante sus ojos. Es un pueblo el portugués abierto al exterior, colonizador y emigrante y eso se refleja en su carácter franco, pausado y en ese sentimiento de melancolía, añoranza, esperanza, la saudade.

Por: Mª Ángeles Moreno Pedraz
Fotografías: http://www.atl-turismolisboa.pt/

Elevador de Santa JustaNo es difícil recorrer Lisboa, incluso a pie y a pesar de las cuestas, ya que se conservan los románticos y eficaces funiculares y tranvías decimonónicos, que nos llevan sin esfuerzo hasta lo más alto de la ciudad. El elevador de Santa Justa evita, en menos de un minuto, una larga serie de escaleras para llegar al Barrio Alto y los tranvías, de interior de madera, serpentean por las enmarañadas calles de esta ciudad.
Sus barrios más significativos están próximos entre sí: la Baixa, plana y cuadriculada aparece enmarcada por dos barrios que se encaraman sobre las colinas: al este, a los pies del Castelo de San Jorge, Alfama; al oeste, el Chiado y el Barrio Alto.

Además de estos tres barrios, debemos recorrer el río, origen y razón de ser de la ciudad. Allí conoceremos el punto de partida de los grandes navegantes de la época de los Descubrimientos, Belém, rodeado de los principales monumentos de la ciudad.

Alfama

La palabra alfama procede del árabe (alhama significa "fuentes termales, termas") y nos remonta a los siglos en que Lisboa, al igual que el resto de la Península Ibérica, fue musulmana. Este barrio es el núcleo inicial de la ciudad, el más antiguo. Aquí se levanta el Castelo de San Jorge, en una situación estratégica ya que desde él se domina la desembocadura del Tajo y es casi inexpugnable. Tras el terremoto de 1755 se hundió gran parte de este barrio y hubo que esperar dos siglos para que se realizase su restauración.

Actualmente, se puede disfrutar del castelejo interior, del anillo amurallado con sus diez torres y del gran parque popular del que disfrutan los lisboetas.

La SéAdemás del castillo, por la calles estrechas y callejones de típico sabor musulmán y judío, se llega a la catedral de Lisboa, la, construcción fortificada del siglo XII, levantada sobre la mezquita cuando la ciudad fue reconquistada por los cristianos.

La Baixa

La Baixa o Ciudad Baja es el corazón de la ciudad, física y comercialmente. Ocupa la parte más baja de Lisboa, abierta al Tajo y custodiada por dos colinas: la de Alfama y la que ocupa el Barrio Alto.

La Baixa que conocemos hoy poco tiene que ver con aquella capital de un gran imperio que fue Lisboa hasta el siglo XVIII. Lo que podemos contemplar en nuestros días se debe exclusivamente a la decisión del marqués de Pombal de poner en práctica las ideas ilustradas sobre urbanismo, reconstruyendo la zona con un trazado perfectamente geométrico.

El barrio se extiende entre dos de las plazas más importantes de Lisboa: la del Rossio y la del Comercio. El Rossio de Valverde, nombre popular de la Praça de Dom Pedro IV, ha sido siempre una plaza llena de vida, testigo de corridas de toros, festejos públicos, desfiles e, incluso, autos de fe en los tiempos de la Inquisición. En la actualidad, está rodeada de cafés, joyerías, tiendas de recuerdos, comercios y pastelerías clásicas. En el lugar que ocupa la plaza del Comercio estuvo, durante más de 400 años, el palacio real, ya que el rey Manuel I, en 1511, decidió trasladar su residencia desde el Castelo de San Jorge. Como tantos otros edificios, fue destruido por el terremoto de 1755. Uno de los lados de esta plaza se abre al Tajo, al que se desciende por una escalinata de mármol.

El Chiado

Este barrio debe su nombre al poeta renacentista Antonio Ribeiro, apodado "O Chiado" ("el chillón"). Se trataba de un franciscano de Évora que, después de haber colgado los hábitos, llegó a la capital y se hizo popular como poeta, actor y ventrílocuo.

El Chiado fue, en otros tiempos, el punto de encuentro de escritores e intelectuales y actualmente sigue conservando el encanto de antaño. Generaciones enteras frecuentaron el café-restaurante Tavares y, más tarde, el café A Brasileira, que ha conservado, hasta nuestros días, esa tradición. Fernando Pessoa, cliente asiduo, se sienta en figura de bronce en la terraza del café y, de vez en cuando, intercambia alguna observación con el polifacético y poeta improvisador Antonio Ribeiro, cuyo monumento se encuentra justo enfrente.

Belém

Torre de BelémMientras el terremoto destruía todos los edificios de la época de los descubrimientos, la pequeña localidad de Belém sobrevivía a la catástrofe casi sin sufrir daños. De aquí partían los barcos de los descubrimientos y dos edificios representan esta gran aventura: la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos.
La torre fue planificada en 1495 sobre una isla en el Tajo, pero el progresivo enarenamiento del río ha hecho que, en la actualidad, esté en la orilla. Su misión era marcar el camino a los barcos que zarpaban y asumir la defensa de la entrada por el Tajo. Su extraordinaria decoración, característica principal del llamado estilo Manuelino, se inspira en motivos marineros como la soga que rodea toda la construcción, así como las formas orientales de los tejados de los torreones y las pirámides que coronan sus almenas.

El Monasterio de los Jerónimos, construido como conmemoración del descubrimiento de la India, mantiene también el estilo Manuelino, con ornamentos exóticos, orientales y relacionados con la navegación. Figuras importantes de la historia nacional portuguesa están enterradas bajo su coro: Vasco da Gama, Camões o Fernando Pessoa.

Completa el conjunto el Monumento de los Descubrimientos, terminado en 1962, y desde donde se pueden contemplar la torre y el monasterio, así como el mapa del mundo en mármol, que señala las antiguas colonias portuguesas.

Tranvía típicoLisboa al atardecer, a orillas del Tajo, su color, sus cafés y terrazas, el ir y venir de sus gentes y su carácter abierto y cosmopolita, embruja. La sencillez y, al mismo tiempo, ese romántico y decadente encanto hacen de ella una de las capitales europeas con más carácter y atractivo.

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Datos prácticos

Idioma: Portugués.
Clima: Atlántico, con inviernos y veranos templados por la influencia del océano.
Moneda: Euro.
Documentación: Ciudadanos de la U.E., únicamente el D.N.I. o pasaporte en regla.
Compras: La típica filigrana portuguesa en plata y oro, azulejos, cerámica, los dulces y bacalao seco y vinos del país (vinos verdes, rosados, oportos y madeiras).
Gastronomía: El rey de la gastronomía portuguesa es el bacalhau, del que dicen que hay más de 265 formas de cocinarlo y, entre ellas, la más famosa, el Bacalhau a brás. Entre los pescados, también son muy populares las sardinas y el pez espada. De las carnes, las de cerdo, cabrito, cordero, buey, ternera y pollo. Tan importante como la comida es el postre, especialidad de los portugueses: arroz dulce, tocinillos de cielo, flanes o pasteles rellenos de crema.