Cuaderno de viajes




Roma, historia viva




Tramonto, puesta de sol sobre S. Pedro

La capital de Italia es una urbe donde una alta concentración de historia, leyendas y monumentos convive con un ajetreo constante de gente y tráfico. Rodeada por sus siete colinas, la Capitolina, Esquilina, Palatina, del Quirinal, Viminal, Celio y Aventino, y surcada por el río Tíber, se levanta la eterna Roma, protagonista indiscutible de los últimos dos milenios de Historia de la Humanidad.
No es fácil abarcar Roma, desde la época de su fundación por los etruscos, en el siglo VII a.C., hasta la actualidad, todos los pueblos han ido dejando vestigios de su paso, creando un museo abierto a todos los que la visitan o habitan.

Por Mª Ángeles Moreno Pedraz
Fotografías:
http://www.romaturismo.com

La Roma clásica

Esta zona de Roma se concentra alrededor de las colinas Capitolina y Palatina, donde se supone que la loba crió a Rómulo y Remo. El Capitolio, que fue la ciudadela de la antigua Roma, presenta el diseño que le dio Miguel Ángel en el siglo XVI, albergando en sus Palacios, Nuevo y del Conservatorio, los Museos Capitolinos. A los pies de la colina, se extiende el Foro.
Al principio de la República, el Foro era un lugar caótico, con puestos de comida, burdeles, templos y la cámara del Senado. En el siglo II a.C., se decidió que Roma necesitaba un centro más salubre y los almacenes de comida fueron reemplazados por centros de negocios y tribunales. Así, durante el Imperio, el Foro fue el centro de la ciudad, renovándose y erigiendo nuevos templos y monumentos. Entre los que se conservan, se encuentran el arco de Septimio Severo, el arco de Tito, que recuerda el saqueo de Jerusalén por Vespasiano, los templos de Cástor y Pólux o la Casa de las Vírgenes Vestales. Y, al fondo, presidiéndolo todo, el Coliseo. Se trata del mayor anfiteatro de Roma, con un aforo de 55.000 espectadores; en el que, los emperadores y ciudadanos adinerados ofrecían luchas de gladiadores y animales salvajes para ganar popularidad.


Fontana di TreviLa Roma católica

Toda una serie de iglesias adscritas a todos los estilos artísticos jalonan las plazas y calles del centro romano. Cada orden eclesiástica, militar o cada parroquia tiene su iglesia y cada una de ellas ha procurado que la suya fuese la más alta, más bella o más ricamente decorada. Este hecho convierte la visita a los templos cristianos en un asombro continuo para el turista. Dentro de este tipo de iglesias, destacan: Santa Prassede, una pequeña iglesia, fundada en el siglo IX, que es un pequeño tesoro por sus mosaicos realizados por artistas bizantinos, considerados los más importantes de toda Roma. San Pietro in Vincoli, "San Pedro encadenado", llamada así porque conserva las dos cadenas que sujetaron a San Pedro cuando estuvo encarcelado en Roma, en la cárcel Mamertina. El verdadero interés de esta iglesia reside en que alberga la grandiosa y monumental escultura de Moisés, realizada por Miguel Ángel, como parte de la tumba del papa Julio II. El Gesú, la primera iglesia jesuita de Roma, cuyo diseño tipifica la arquitectura de la Contrarreforma, con una larga nave con púlpitos laterales, altar mayor central y sus naves laterales decoradas con frescos y pinturas que ejemplifican sobre el triunfo del Catolicismo sobre la herejía protestante. Aparte de estas tres iglesias, no se pueden dejar de visitar: Sant'Ivo alla Sapienza, Sant'Andrea al Quirinale, San Carlo alle Quattro Fontane, Santa Agnese, Santa María in Cosmedin con su famosa Boca de la Verdad o San Clemente.
Para completar el recorrido, las cuatro basílicas romanas, impresionantes por su grandiosidad y riqueza: San Juan de Letrán, Santa María la Mayor, San Pablo Extramuros y San Pedro. Todas merecen una visita:
San Juan de Letrán, porque es la catedral de Roma, Santa María la Mayor porque conserva las columnas y la cubierta con mosaicos del siglo V; San Pablo Extramuros por su magnífica fachada y su baldaquino sobre lo que se cree fue la tumba de San Pablo y San Pedro.
La suntuosa basílica de
San Pedro es la más importante del mundo católico. Alberga cientos de obras de arte, algunas de la basílica original del siglo IV y otras de artistas del Renacimiento y el Barroco. Entre ellas, destacan la Piedad de Miguel Ángel, protegida por un cristal desde que fue agredida en 1972; algunas de las tumbas de los papas, entre ellas la de Alejandro VII, obra de Bernini y el Baldaquino, del mismo autor, levantado sobre la tumba de San Pedro. La basílica se erige en el centro de la Ciudad del Vaticano, Estado soberano, desde 1929, gobernado por el Papa, donde viven unas 500 personas. Cuenta con su propia oficina de correos, bancos, sistema legal, emisora de radio y periódico, L'Osservatore Romano. Los palacios papales acogen la capilla Sixtina y los Museos Vaticanos. La capilla Sixtina alberga los famosísimos frescos de Miguel Angel, pintados entre 1508 y 1512. Los paneles principales del techo, la Creación y la Caída, están rodeados de temas del Antiguo y el Nuevo Testamento, con excepción de las sibilas clásicas, y las paredes, obra de distintos autores, representan episodios de la vida de Moisés y Jesús, todos ellos presididos por el gran fresco del Juicio Final del altar mayor, también de Miguel Ángel.
Dentro de los Museos Vaticanos, se puede disfrutar, así mismo, de las Estancias de Rafael, las dependencias privadas del papa Julio II que encargó decorar al artista.

Plaza de San PedroLa Roma civil

Uno de los verdaderos placeres de Roma es pasear por sus calles y descubrir, en cualquier rincón una fuente monumental, un palacio, una escalinata, una plazuela o la típica imagen de un edificio de color albero con la ropa tendida en sus ventanas. Así, vagando por sus calles, nos podremos encontrar, de golpe, con la famosa Fontana di Trevi, levantada en la trasera de un edificio, escondiéndose entre las casas como un tesoro oculto. Siguiendo nuestro camino, nos podemos parar a tomar un café en la Piazza Navona y contemplar delante de nosotros la fuente de los Cuatro ríos, obra de Bernini, rodeada de palacios e iglesias. Más adelante, si nos interesan las compras, nos encaminaremos por la via del Corso y la via Condotti y descansaremos en la escalinata de la Piazza di Spagna, auténtico hervidero de gentes, quizás tomándonos uno de los famosísimos helados italianos. Y, si aún nos quedan fuerzas, nos acercaremos a la Piazza del Popolo, a contemplar sus iglesias gemelas y los jardines del Pincio, pertenecientes a la Villa Medici.
Roma sorprende, incluso apabulla, en un primer momento, por su grandiosidad, las dimensiones de sus monumentos y su número, pero enseguida se muestra amable, alegre, manejable, y la primera sensación que tuvimos se torna en convencimiento de que esa ciudad ha sido levantada por hombres para mayor disfrute de los hombres.

Datos prácticos

Idioma: Italiano.
Clima: Suave en invierno y caluroso en verano.
Moneda: Euro.
Documentación: Ciudadanos de la U.E., únicamente el D.N.I. o pasaporte en regla.
Compras: Todo lo relacionado con la industria de la moda, tanto para hombres como para mujeres, ya que Italia es uno de los principales países productores del mundo.
Gastronomía: La pasta, en su versión romana, es decir,
spaghetti alla carbonara, gnocchi alla romana, bucatini all'amatriciana; saltimbocca alla romana, un sabroso plato de ternera con jamón y salvia; la pizza y, como postre, torta di ricotta, un popular postre de queso relleno de ricotta, marsala y limón. Para regar la comida, el vino, el Frascati y el Castelli Romani, o la cerveza, Nastro Azzurro o Peroni.