La
herencia árabe
Los siglos de dominio
árabe dejaron algunos de los monumentos más característicos
de Sevilla, la Torre del Oro o la Giralda. La Torre
del Oro constituye la torre militar más famosa
del mundo, levantada en el siglo XIII siguiendo un estilo simple,
pero de gran valor artístico. Está formada por
dos cuerpos dodecagonales sobre los que se asienta el superior,
circular y rematado por una pequeña cúpula semiesférica.
El cuerpo intermedio está adornado con arcos polilobulados
ciegos, sustentados por columnillas de mármol, conformando
una clara muestra de la estética almohade. En su interior,
alberga el Museo Naval, con una amplia gama de elementos relacionados
con las artes náuticas, así como retratos de personajes
ilustres y una gran cantidad de documentos epigráficos
relacionados con Sevilla y con los grandes descubrimientos marítimos.
La
Giralda, símbolo
de SevIlla se erigió entre los años 1184 y 1198
como alminar de la mezquita. El nombre lo debe a la veleta de
la cúspide, añadida en el siglo XVI. El fuste
de esta torre fue construida en ladrillo y rematado en la cúspide
con cuatro esferas sobredoradas. Cuenta con 34 plantas, a las
que se accede a través de rampas, ya que los jinetes
almohades subían hasta la parte alta del alminar. Hoy,
la Giralda es el campanario de la catedral cristiana y a ella
sólo suben turistas
Otro monumento representativo del dominio árabe son
los Reales Alcázares.
Se trata de un conjunto palatino rebosante de ricos salones,
variados pabellones, soleados zaguanes, producto de las sucesivas
reformas que, desde tiempos del dominio islámico, diversos
monarcas han ido realizando. Destaca por la belleza de sus jardines,
salones y tapices, conservando las almenas y algunas dependencias
del Alcázar árabe. La sala de Embajadores, por
ejemplo, es una obra de gusto exquisito, con filigranas, zócalo
de azulejos y nudosas yeserías en las paredes.
En los jardines, se entreverán los aromas islámicos,
clásicos y modernos. De este modo, destacan los islámicos
Baños de Dª María de Padilla, los jardines
manieristas, los del Cenador, en los que se alza el estilizado
pabellón de Carlos V, o los Jardines Nuevos, que siguen
las pautas del paisajismo inglés y arábigo-andaluz.

La
Catedral
Conocida
como Magna Hispalensis,
constituye el monumento gótico más colosal de toda
la cristianidad cumpliendo el propósito de los canónigos
hispalenses "Hagamos una iglesia tan grande que los que la
vieren acabada nos tengan por locos".
Fue construida en el siglo XV sobre la antigua mezquita árabe,
de la que se conservan restos como el Patio de los Naranjos o
la Giralda.
El templo presenta planta de salón con cinco naves, siendo
la central más alta y ancha que las restantes. El exterior
cuenta con siete portadas: del Bautismo, del Nacimiento, de la
Asunción, del Príncipe o de San Cristóbal,
de la Concepción, de la Adoración de los Magos -conocida
como "de las Campanillas"- y de la Entrada de Jerusalén
o "Puerta de Palos". En una ala de la catedral se encuentra
el mausoleo de Cristóbal Colón, grupo escultórico
formado por cuatro imponentes maceros de bronce y alabastro que
sostienen a hombros el pesado féretro.
El templo es el escenario de una de las tradiciones más
curiosas y arraigadas de Sevilla: el baile de los Seises.
Un grupo de niños, vestidos a la usanza del siglo XVI,
ejecutan un baile rítmico y sencillo y cantan con repique
de castañuelas. Actúan sólo dos veces al
año, el día del Corpus y de la Inmaculada y, en
su actuación, interpretan tres bailes: el primero en honor
al Santísimo Sacramento o a la Virgen, el segundo en honor
al prelado y el tercero, y último, en honor a las autoridades
y al pueblo. Este baile perdura hasta nuestros días, pese
a que, a lo largo de la historia, algunos obispos, así
como el Vaticano, lo juzgaron de irrespetuoso. Finalmente, se
llegó a un compromiso: los seises seguirían bailando
mientras durasen sus trajes. Una vez que éstos se desechasen,
no se volverían a comprar otros. Sin embargo, este acuerdo
dejó abierta la puerta a una pequeña trampa: durante
años, los trajes de los seises se han ido restaurando.

 Barrio
de Santa Cruz y Triana
De
todos los barrios que componen la capital andaluza, los de Santa
Cruz y Triana son los más emblemáticos. El de Santa
cruz se extiende a los pies de la Catedral, entre el Ayuntamiento
y el Archivo de Indias, antigua lonja reconvertida en el archivo
más importante de la historia de la América colonial.
Este barrio se levantó apenás hace 80 años,
como ejemplo ideal de pueblo andaluz. Para ello, se derribó
la antigua judería y Santa Cruz se llenó de casa
típicas de famillias acomodadas, construidas alrededor
de soleados patios con pozos y acequias. Hoy en día es
un territorio romántico, con plazas luminosas y callejones
íntimos.
El barrio de Triana, en cambio, es puro bullicio, salvo a la hora
de la siesta, en la que todo Sevilla duerme. Se extiende frente
a la ciudad vieja, al otro lado del Guadalquivir. En él,
no hay que dejar de visitar la capilla de los Marineros, la Virgen
de Triana y el Cristo de los Gitanos, auténticas joyas
del fervor popular.
La Sevilla típica, la de abanico
y bata de cola, se puede contemplar todos los años durante
la Semana Santa o durante la Feria de Abril, pero hay una Sevilla
más auténtica, no carente de sus adornos, que embruja
en cualquier otra momento del año. Es esa que esconde a
la luna plateada entre callejones y plazas, cómplice de
Don Juan en sus aventuras y amable compañera de calurosas
noches de insomnio.

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Datos prácticos
Cómo llegar:
Desde Madrid, en coche por la N-IV, en tren, con el AVE, y en
avión, desde cualquier aeropuerto de España.
Compras:
Mantones de manila, castañuelas y abanicos, obras de orfebrería
e imaginería y guitarras.
Gastronomía:
Lo más característico es
el pescaíto frito, el gazpacho, los huevos a la flamenca,
el rabo de toro y la amplia variedad de tapas para acompañar
la manzanilla: la pringá y las tortillitas de camarones,
el salmorejo y el jamón. Vinos, los finos y manzanillas.
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