Cuaderno de viajes


Sevilla, aroma de azahar




Río Guadalquivir y barrio de Triana

Exagerada en su alegría hasta lo imposible, bella, amable y divertida, Sevilla ha hecho de la fiesta un arte y, lo inverosímil, del dolor de la Pasión, un motivo de celebración. Enchida de luz y calor, sus gentes son alegres por definición, a veces indolentes, pero con una filosofía de vida en la que la apatía no tiene lugar.
Fundada por los romanos en el año 207 a.C., Itálica, fue el centro de los dominios imperiales del Mediterráneo occidental y cuna de los emperadores Trajano y Adriano. Tras siete siglos de dominio latino y un paréntesis visigodo, en el 711 d.C. los árabes conquistan la Península Ibérica y Sevilla está bajo su poder hasta el año 1248, en que es reconquistada por los cristianos. Estos tres extensos momentos históricos dejarán su impronta en el carácter de los sevillanos y en el escenario de sus vidas.

Por Mª Ángeles Moreno Pedraz
Fotografías: http://www.turismo.sevilla.org/

La herencia árabe

Los siglos de dominio árabe dejaron algunos de los monumentos más característicos de Sevilla, la Torre del Oro o la Giralda. La Torre del Oro constituye la torre militar más famosa del mundo, levantada en el siglo XIII siguiendo un estilo simple, pero de gran valor artístico. Está formada por dos cuerpos dodecagonales sobre los que se asienta el superior, circular y rematado por una pequeña cúpula semiesférica. El cuerpo intermedio está adornado con arcos polilobulados ciegos, sustentados por columnillas de mármol, conformando una clara muestra de la estética almohade. En su interior, alberga el Museo Naval, con una amplia gama de elementos relacionados con las artes náuticas, así como retratos de personajes ilustres y una gran cantidad de documentos epigráficos relacionados con Sevilla y con los grandes descubrimientos marítimos.

Torre del OroLa Giralda, símbolo de SevIlla se erigió entre los años 1184 y 1198 como alminar de la mezquita. El nombre lo debe a la veleta de la cúspide, añadida en el siglo XVI. El fuste de esta torre fue construida en ladrillo y rematado en la cúspide con cuatro esferas sobredoradas. Cuenta con 34 plantas, a las que se accede a través de rampas, ya que los jinetes almohades subían hasta la parte alta del alminar. Hoy, la Giralda es el campanario de la catedral cristiana y a ella sólo suben turistas

Otro monumento representativo del dominio árabe son los Reales Alcázares. Se trata de un conjunto palatino rebosante de ricos salones, variados pabellones, soleados zaguanes, producto de las sucesivas reformas que, desde tiempos del dominio islámico, diversos monarcas han ido realizando. Destaca por la belleza de sus jardines, salones y tapices, conservando las almenas y algunas dependencias del Alcázar árabe. La sala de Embajadores, por ejemplo, es una obra de gusto exquisito, con filigranas, zócalo de azulejos y nudosas yeserías en las paredes.
En los jardines, se entreverán los aromas islámicos, clásicos y modernos. De este modo, destacan los islámicos Baños de Dª María de Padilla, los jardines manieristas, los del Cenador, en los que se alza el estilizado pabellón de Carlos V, o los Jardines Nuevos, que siguen las pautas del paisajismo inglés y arábigo-andaluz.


La Catedral

Conocida como Magna Hispalensis, constituye el monumento gótico más colosal de toda la cristianidad cumpliendo el propósito de los canónigos hispalenses "Hagamos una iglesia tan grande que los que la vieren acabada nos tengan por locos".
Fue construida en el siglo XV sobre la antigua mezquita árabe, de la que se conservan restos como el Patio de los Naranjos o la Giralda.
El templo presenta planta de salón con cinco naves, siendo la central más alta y ancha que las restantes. El exterior cuenta con siete portadas: del Bautismo, del Nacimiento, de la Asunción, del Príncipe o de San Cristóbal, de la Concepción, de la Adoración de los Magos -conocida como "de las Campanillas"- y de la Entrada de Jerusalén o "Puerta de Palos". En una ala de la catedral se encuentra el mausoleo de Cristóbal Colón, grupo escultórico formado por cuatro imponentes maceros de bronce y alabastro que sostienen a hombros el pesado féretro.
El templo es el escenario de una de las tradiciones más curiosas y arraigadas de Sevilla: el baile de los
Seises. Un grupo de niños, vestidos a la usanza del siglo XVI, ejecutan un baile rítmico y sencillo y cantan con repique de castañuelas. Actúan sólo dos veces al año, el día del Corpus y de la Inmaculada y, en su actuación, interpretan tres bailes: el primero en honor al Santísimo Sacramento o a la Virgen, el segundo en honor al prelado y el tercero, y último, en honor a las autoridades y al pueblo. Este baile perdura hasta nuestros días, pese a que, a lo largo de la historia, algunos obispos, así como el Vaticano, lo juzgaron de irrespetuoso. Finalmente, se llegó a un compromiso: los seises seguirían bailando mientras durasen sus trajes. Una vez que éstos se desechasen, no se volverían a comprar otros. Sin embargo, este acuerdo dejó abierta la puerta a una pequeña trampa: durante años, los trajes de los seises se han ido restaurando.

Plaza del TriunfoBarrio de Santa Cruz y Triana

De todos los barrios que componen la capital andaluza, los de Santa Cruz y Triana son los más emblemáticos. El de Santa cruz se extiende a los pies de la Catedral, entre el Ayuntamiento y el Archivo de Indias, antigua lonja reconvertida en el archivo más importante de la historia de la América colonial. Este barrio se levantó apenás hace 80 años, como ejemplo ideal de pueblo andaluz. Para ello, se derribó la antigua judería y Santa Cruz se llenó de casa típicas de famillias acomodadas, construidas alrededor de soleados patios con pozos y acequias. Hoy en día es un territorio romántico, con plazas luminosas y callejones íntimos.
El barrio de Triana, en cambio, es puro bullicio, salvo a la hora de la siesta, en la que todo Sevilla duerme. Se extiende frente a la ciudad vieja, al otro lado del Guadalquivir. En él, no hay que dejar de visitar la capilla de los Marineros, la Virgen de Triana y el Cristo de los Gitanos, auténticas joyas del fervor popular.

La Sevilla típica, la de abanico y bata de cola, se puede contemplar todos los años durante la Semana Santa o durante la Feria de Abril, pero hay una Sevilla más auténtica, no carente de sus adornos, que embruja en cualquier otra momento del año. Es esa que esconde a la luna plateada entre callejones y plazas, cómplice de Don Juan en sus aventuras y amable compañera de calurosas noches de insomnio.

Datos prácticos

Cómo llegar: Desde Madrid, en coche por la N-IV, en tren, con el AVE, y en avión, desde cualquier aeropuerto de España.
Compras: Mantones de manila, castañuelas y abanicos, obras de orfebrería e imaginería y guitarras.
Gastronomía: Lo más característico es el pescaíto frito, el gazpacho, los huevos a la flamenca, el rabo de toro y la amplia variedad de tapas para acompañar la manzanilla: la pringá y las tortillitas de camarones, el salmorejo y el jamón. Vinos, los finos y manzanillas.