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El secado
de la pintura consiste en la extracción de los disolventes
contenidos en la mezcla líquida de pintura, mediante su
evaporación por calor latente, ya sea radiación,
conducción o convección.
Después de ser suministrado el
calor suficiente para evaporar el disolvente o el agua contenidos
en la mezcla de pintura, se debe establecer un modo de eliminarlos.
Lo más sencillo es usar una corriente de aire. Ahora bien,
el aire tiene una capacidad limitada para arrastrar disolventes
o agua evaporados. Para aumentar esta capacidad de arrastre, se
incrementa la temperatura o la cantidad de aire.
Secado
por contacto con aire caliente a presión atmosférica
Los procesos de secado de las pinturas aplicadas
en la reparación de automóviles se vienen realizando
en las denominadas cabinas-horno, que emiten calor por medio de
un caudal de aire, que se calienta en un intercambiador. En estos
intercambiadores, el aire (que, en fase de secado de la cabina,
recircula) nunca estaba en contacto con la llama de los quemadores,
por lo que existía cierta pereza térmica para conseguir
la temperatura óptima de secado; el ciclo se dilataba en
el tiempo.
Ahora surgen nuevas posibilidades, con instalaciones
que mejoran el rendimiento térmico y optimizan los trabajos.
En unas, se continúa usando aire caliente, pero mejora
el proceso, aportando llama directa sobre el caudal de aire. En
otras, se utiliza aire caliente a temperaturas superiores a las
empleadas habitualmente, pero durante un breve tiempo, gracias
a la ayuda de cuadros electrónicos o PLC´s (autómatas
programables) .
En ambos sistemas por aire caliente, la velocidad
de secado está en función de la temperatura del
aire, de las características de la mezcla de pintura y
del diseño de la corriente de aire en la cabina.
Por ello, las actuales cabinas poseen grandes
capacidades de ventilación, por encima de 24.000 e, incluso,
30. 000 m3/h , y potencias térmicas instaladas superiores
a las 200.000 kcal/h. Además, se puede optar por motores
eléctricos para el movimiento de las turbinas, dotados
con variadores e inversores de velocidad para adecuar los caudales
de aire a la fase de trabajo en curso. Con ello, se consigue ahorro
del consumo eléctrico y de combustible.
Mediante este sistema de secado, las capas
más externas, ya secas, son transmisoras del calor hacia
el interior, por conducción, más lentamente. Para
paliar este efecto, los nuevos sistemas, basados en PLC electrónicos
y llama directa, elevan la temperatura del aire a temperaturas
superiores a las usuales en el secado de las pinturas. Se logra
así calentar con rapidez la chapa del coche. Después,
se realiza un enfriamiento controlado, hasta la temperatura óptima
de secado. Los fabricantes de estos equipos cifran los ahorros
entre 10 y 15 minutos por reparación, sobre los 30 ó
45 minutos habituales en cabinas-horno tradicionales.
Secado
por radiación infrarroja
El secado por infrarrojos se produce mediante
un foco emisor (lámpara), en forma de radiación
de longitud de onda infrarroja, que penetra en las capas de pintura
y acelera el proceso de endurecimiento, por el incremento de la
temperatura y por la evaporación de los disolventes contenidos,
incluido el agua. Mediante este método, pueden ser secadas
no sólo las pinturas de fondo, sino también las
de acabado.
En este sistema por radiación, la temperatura
de las capas interiores y de la propia chapa de acero es superior
a la temperatura exterior del aire, favoreciendo el secado de
dentro hacia fuera por radiación y convección.
Los tiempos de secado obtenidos mediante
secadores automáticos de infrarrojos, también llamados
arcos o túneles de secado, que se desplazan sobre rieles
dentro de una cabina de pintura, oscilan entre los 5 y los 20 minutos,
en la mayoría de las reparaciones del taller, sin requerir
un tiempo de subida ni de bajada de la temperatura del recinto.
Es imprescindible mantener limpia la cabina para evitar la acumulación
de polvo en los raíles de desplazamiento del arco. Uno de
los principales requisitos de un secado de calidad es la programación
del arco, según sea el color de la pintura y los ciclos de
movimiento. También se tienen en cuenta la disposición
de las lamparas, la forma de los reflectantes, los elementos de
medida de la temperatura de la superficie y de la distancia pieza-arco.
Todo ello, contribuye a evitar la aparición de puntos muertos
con falta de cristalización de la pintura.
Una vez realizado el secado con el arco de
infrarrojos, se puede intervenir inmediatamente en el vehículo,
bien para llevar a cabo el montaje de accesorios o bien para realizar
el pulido de defectos ajenos al equipo de infrarrojos.
Este sistema necesita ventilación forzada
(proporcionada por la propia cabina) para favorecer el barrido
del agua o de los disolventes extraídos de la pintura en
la fase de evaporación. El consumo eléctrico y de
combustible es inferior al de las cabinas tradicionales, pero
la inversión inicial es muy superior, por lo que hay que
estudiar la relación inversión- rentabilidad, antes
de adquirir alguno de estos equipos.
Cuando no se estén utilizando estos
sistemas se deben ubicar en una zona anexa a la cabina, separada
por una puerta, para evitar su pulverización en la fase
de aplicación de pintura.
Cuando el gerente del taller opte por la instalación
de estos novedosos sistemas de secado deberá formar a los
pintores en su uso y mantenimiento, siguiendo las recomendaciones
de los fabricantes del equipo y de las pinturas utilizadas. Si
se cumplen estas condiciones, quedan asegurados los procesos de
secado, con garantía de calidad, seguridad y rentabilidad.
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