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Futuro imperfecto
No suelo meterme donde no me
llaman, ni dar mi opinión si no se me pide, especialmente cuando atañe a
terceros; cada cual se conduce en la vida “según su leal saber y
entender”. Sin embargo, en esta ocasión voy a romper esta regla.
Últimamente estoy leyendo y oyendo apreciaciones acerca del futuro del
taller, sobre todo del independiente que como ciudadano de a pie y
consumidor me preocupan.
Uno de ellos me ha venido por correo electrónico: circula por los
mentideros de Europa una predicción según la cual en 2010 el número de
talleres en Europa y Norteamérica podría reducirse en un 40%. Otra
observación que ha llegado a mis oídos ha sido la de que una parte
importante de los propietarios de talleres, especialmente
independientes, son personas con una edad por encima de los 50 años y
que ven muy difícil el relevo generacional. Y una tercera: aún están por
ver los resultados del Reglamento de distribución de vehículos, cuyo
objetivo fundamental era aumentar la competencia en la venta de
automóviles, en los recambios y en los servicios de reparación. Es más,
hay quien apunta que está logrando todo lo contrario; está contrayendo y
concentrando la oferta.
Solamente estas tres “perlas” dan pié a mi preocupación: como ciudadano,
porque es un sector con una presencia importante en la vida económica de
nuestras sociedades. Como consumidor, porque no me gusta estar en manos
de un solo proveedor.
Los expertos y las asociaciones empresariales dicen que el futuro del
taller pasa por la profesionalización del sector, a través de la
formación constante, el acceso a la información técnica y por el
equipamiento.
Todos, entidades públicas y privadas, deberíamos hacer algo con la vista
puesta en el largo plazo; más allá de salvar el ejercicio o de ganar las
próximas elecciones. Nosotros, como CESVIMAP, investigamos en la
reparabilidad de los vehículos y realizamos un gran esfuerzo por
divulgar nuestros conocimientos a los que consideramos interesados (esta
revista es una prueba de ello), aunque seguro que podríamos contribuir
con algo más. Pero el resto, empezando por los propios talleres y sus
asociaciones representativas deberían tomarse el futuro del taller más
en serio y las administraciones públicas también; éstas, al fin y al
cabo, son las encargadas de velar por los derechos de los ciudadanos, y
si los augurios se cumplen, muchos de esos derechos se verían
conculcados, y eso no sería un futuro perfecto.
Ignacio Juárez Pérez
Gerente de Cesvimap
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